Un mundo feliz

Un futuro en el que el pasado ha sido erradicado para sellar una nueva era desprovista de historia. El denominado Estado Mundial ha destruido la historia y el pasado porque su obsesión es solo el presente. El año en el que se desarrolla la acción de la novela es el 632 después de Ford. La nueva era comienza tras la fabricación del primer Ford T en 1908, fecha de partida de esta futura civilización. Por consiguiente, el año 632 después de Ford equivaldría al 2540 de nuestra era, aproximadamente. Los ciudadanos de este nuevo mundo desconocen por completo los valores morales, culturales y espirituales, porque han sido condicionados para imitar y seguir un despiadado canon capitalista que delata una adulterada, profética y perturbadora idea del bienestar.

RESEÑA

Se ha convertido en una de mis novelas favoritas, no sé cómo hice tanto tiempo para permanecer sin leerla. Me estaba perdiendo de un relato prodigioso. Aún retumban en mi mente las últimas escenas, los postreros momentos, las últimas páginas. Aldous ha retratado con claridad y de una manera tan eficaz, el camino por el que va la humanidad, toda, actualmente. Todos somos parte de este designio, vamos formando filas, marchando hacia la deshumanización. El consumismo nos ha derrotado, la comodidad nos juega en contra, la felicidad se torna artificial y fugaz, no hay dolor, no hay soledad, no hay enfermedad, no hay vínculos íntimos de padre-madre e hijos, no existe el matrimonio, la inmoralidad es permitida y aplaudible, incluso loable. Si no te sumas eres raro, nadie lee. Todos acuden a sistemas de realidad virtual o películas llamadas «Sensoramas», todos toman raciones de «soma» para evadir la realidad. Todos son condicionados. «Educados» para ser sometidos. No hay tristeza, por lo tanto no hay verdadera felicidad. No hay dolor, es decir no hay alma. La muerte es normal, nadie sufre si mueres, nadie va a verte, nadie te quiere. Porque «todo el mundo pertenece a todo el mundo». Tanto vacío me dejó esto. Tan miserable me sentí al darme cuenta que estoy dentro de una humanidad que se aproxima al desfiladero de la deshumanización.